El cuentista puede pasar una semana sin escribir, incluso 2, incluso 2 meses (es el máximo tiempo que ha pasado sin escribir), y mientras más el tiempo pasa, y el lápiz no se mueve sobre el papel, o los dedos sobre el teclado, más pesa el lápiz y más rígida la mano se vuelve, y las palabras tropiezan mientras viajan de la cabeza a las manos, y el roce del lápiz contra el papel o del dedo contra la tecla, ya no ayuda a teclear o rayar si no a borrar , pide más fuerza del brazo para poder ser mayor el empuje que el roce, y ya no se si escribir con el lápiz sobre la pantalla o teclear los papeles escritos hasta la mitad, algunos ni al cuarto. El escritor cree estar enmudeciendo, cree estar hablando sin soltar aire si no tragándoselo, como si las palabras viajaran en sentido contrario, solo entran ideas, y no salen. entran por distintos caminos y no salen por ninguno. El cuentista se frustra, no sabe si podrá alguna vez ordenar su confusión o si podrá vivir en ella por siempre. No sabe si su cuento es político o romántico, o si las dos, pero no encuentra la mezcla, y puede que no necesite buscar, por que sabe que el escribir aveces más que buscar es escribir sin pensar y encontrar métricas y pensamientos, acentos.
Entonces se sienta al escritorio en la posición de siempre, empuja al lápiz que se confunde con los primeros escenarios las primeras luces y entra en el, y el lápiz es personaje de vida propia, el cuentista se deja arrastrar el brazo por el lápiz, hasta que el brazo se empuñe fuerte, desde el silencio y rompa con una fuerza perpendicular al vector movimiento, y que gire en 90 grados con lo establecido, que lo quiebre en curva discontinua (poco suave) y ya no sabe si escribe una publicación científica o una fantasía, ve diagramas, gráficos, lineas, ideas, figuras, ciluetas, sombras, luces, una lluvia una tormenta, el mar de furioso y café.
El cuentista se confunde, no sabe bien a donde ir, si escapar o mantenerse cerca y vigilar, sospecha que su lápiz es un informante de los policías que acaban de aparecer en el cuento, prefiere confiando en su rapidez seguirlos de cerca, así el escape puede convertirse en ataque, respira agitado pero silencioso, más fuerte late su corazón que no lo dejan escuchar lo que a lo lejos se conversa. Mira las posibles rutas para huir mientras de reojo vigila los movimientos del lápiz, estornuda, los policías se alertan como lobos, estornuda por segunda vez, los policías giran sincrónicos sus miradas 34 grados a la derecha, justo al escritorio donde el cuentista escribe, ya no hay alternativa, el cuentista corre, y las letras se apuran, el cuentista gira se mete en callejones, sube al cerro, el cuentista se pierde, se confunde en los adoquines, se sumerje en la calle angosta. (pausa, respiro profundo) Cuelga de un cerro, escondido en la oscura noche (exhala).
Va entonces, camina a la cima de la montaña de arena busca el aire, mira el mar, inmenso, sin límite visible, como una puerta que se abre en la ciudad, o una ventana .
lunes, 20 de junio de 2011
canción 2
canto cantito cantó el cantor
guitarra al viento canción pal sol
cuerdas de barro
ojos de trapo dedos de cartón
quien nació en el alto cerro
y creció en el bajo pueblo
lleva su paisaje
escrito en su equipaje en su canción.
si no canta lo que piensa
siente que algo se atoró
que se a callado el cantor
que el sol pierde calor
si no canta con sentimiento
la cuerda se deshace al vibrar
la lluvia se lleva este cantar
y el sol no brilla más.
guitarra al viento canción pal sol
cuerdas de barro
ojos de trapo dedos de cartón
quien nació en el alto cerro
y creció en el bajo pueblo
lleva su paisaje
escrito en su equipaje en su canción.
si no canta lo que piensa
siente que algo se atoró
que se a callado el cantor
que el sol pierde calor
si no canta con sentimiento
la cuerda se deshace al vibrar
la lluvia se lleva este cantar
y el sol no brilla más.
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