domingo, 21 de agosto de 2011

Radio ConCiencia: Rompiendo Fronteras

Radio ConCiencia: Rompiendo Fronteras

Escúche la última edición de Rompiendo Fronteras (del jueves 18 de agosto) en la siguiente liga: En esta edición no tratamos ningún tema musical en particular, ni la temática central de programa fué la música, en esta edición especial tocamos música "micelanea" y conversamos acerca de la contingencia en un día de movilizaciones a nivel nacional.

No se pierda la próxima edición el jueves a las 20.00 horas

Radio ConCiencia: Rompiendo Fronteras

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Escúche la última edición de Rompiendo Fronteras (del jueves 18 de agosto) en la siguiente liga: En esta edición no tratamos ningún tema musical en particular, ni la temática central de programa fué la música, en esta edición especial tocamos música "micelanea" y conversamos acerca de la contingencia en un día de movilizaciones a nivel nacional.

No se pierda la próxima edición el jueves a las 20.00 horas

lunes, 20 de junio de 2011

Cuento corto de un cuentista apurado

El cuentista puede pasar una semana sin escribir, incluso 2, incluso 2 meses (es el máximo tiempo que ha pasado sin escribir), y mientras más el tiempo pasa, y el lápiz no se mueve sobre el papel, o los dedos sobre el teclado, más pesa el lápiz y más rígida la mano se vuelve, y las palabras tropiezan mientras viajan de la cabeza a las manos, y el roce del lápiz contra el papel o del dedo contra la tecla, ya no ayuda a teclear o rayar si no a borrar , pide más fuerza del brazo para poder ser mayor el empuje que el roce, y ya no se si escribir con el lápiz sobre la pantalla o teclear los papeles escritos hasta la mitad, algunos ni al cuarto. El escritor cree estar enmudeciendo, cree estar hablando sin soltar aire si no tragándoselo, como si las palabras viajaran en sentido contrario, solo entran ideas, y no salen. entran por distintos caminos y no salen por ninguno. El cuentista se frustra, no sabe si podrá alguna vez ordenar su confusión o si podrá vivir en ella por siempre. No sabe si su cuento es político o romántico, o si las dos, pero no encuentra la mezcla, y puede que no necesite buscar, por que sabe que el escribir aveces más que buscar es escribir sin pensar y encontrar métricas y pensamientos, acentos.

Entonces se sienta al escritorio en la posición de siempre, empuja al lápiz que se confunde con los primeros escenarios las primeras luces y entra en el, y el lápiz es personaje de vida propia, el cuentista se deja arrastrar el brazo por el lápiz, hasta que el brazo se empuñe fuerte, desde el silencio y rompa con una fuerza perpendicular al vector movimiento, y que gire en 90 grados con lo establecido, que lo quiebre en curva discontinua (poco suave) y ya no sabe si escribe una publicación científica o una fantasía, ve diagramas, gráficos, lineas, ideas, figuras, ciluetas, sombras, luces, una lluvia una tormenta, el mar de furioso y café.

El cuentista se confunde, no sabe bien a donde ir, si escapar o mantenerse cerca y vigilar, sospecha que su lápiz es un informante de los policías que acaban de aparecer en el cuento, prefiere confiando en su rapidez seguirlos de cerca, así el escape puede convertirse en ataque, respira agitado pero silencioso, más fuerte late su corazón que no lo dejan escuchar lo que a lo lejos se conversa. Mira las posibles rutas para huir mientras de reojo vigila los movimientos del lápiz, estornuda, los policías se alertan como lobos, estornuda por segunda vez, los policías giran sincrónicos sus miradas 34 grados a la derecha, justo al escritorio donde el cuentista escribe, ya no hay alternativa, el cuentista corre, y las letras se apuran, el cuentista gira se mete en callejones, sube al cerro, el cuentista se pierde, se confunde en los adoquines, se sumerje en la calle angosta. (pausa, respiro profundo) Cuelga de un cerro, escondido en la oscura noche (exhala).

Va entonces, camina a la cima de la montaña de arena busca el aire, mira el mar, inmenso, sin límite visible, como una puerta que se abre en la ciudad, o una ventana .

canción 2

canto cantito cantó el cantor
guitarra al viento canción pal sol
cuerdas de barro
ojos de trapo dedos de cartón

quien nació en el alto cerro
y creció en el bajo pueblo
lleva su paisaje
escrito en su equipaje en su canción.

si no canta lo que piensa
siente que algo se atoró
que se a callado el cantor
que el sol pierde calor

si no canta con sentimiento
la cuerda se deshace al vibrar
la lluvia se lleva este cantar
y el sol no brilla más.

sábado, 16 de mayo de 2009

Canción (tonada)

Quisiste tocar el sol
con la punta de tu dedo
y coloerar las nubes
con el tinte de tu pelo
pero un árbol te convirtió
en un pájaro del viento
en un pájaro del viento


vuela loca linda ojitos de mapache
ruta a las estrellas a la libertad
píntale al cielo todos los planetas
pinta los rayos del sol


Tonada entristecida
echo al viento pa reir
para que en mi ventana
tu luz se pueda sentir
y mi jardin de flores grises
brille y cante para ti
brille y cante para ti

pajarito fuxia multiplanetario
vuela a las estrellas de la libertad
pinta rojo el cielo y todos sus planetas
pinta los rayos del sol.

viernes, 15 de mayo de 2009

Asalto

Como si mirara una película, imaginaba una y otra vez sin descuidar ningún detalle el plan que durante 1 mes de reuniones clandestinas habían craneado con sus dos mejores amigos. Su misión era entrar al banco 10:30 de la mañana, hora. en la que Marco y Lorena ya estarían dentro de él. Pistola en mano acercarse a la caja atendida por una rubia de párpados envetunados en sombra color calipso, labios gruesos pintados color fuxia y colgada al cuello una una virgen de oro que se perdía en la profundidad de su escote. La cajera, de nombre victoria, tenía acceso a la caja fuerte en la que el primer viernes de cada mes había una suma importante de dinero que apesar de las investigaciones previas nunca lograron precisar, pero estimaban que era cercana a 500 millones de pesos.

Victoria no era un obstáculo, sino cómplice de la operación, su misión era simular ser asaltada, abrir la caja y entregar el dinero. En principio parecía fácil, pero luego del asalto, debía soportar un sin fin de interrogatorios, y lo más dificil guardar el secreto sin levantar sospecha alguna

Cuando se bosquejaban los primeros diseños de plan, Roberto sostuvo, y hasta la última reunión, la idea de que victoria debía escapar con ellos. Pero habían dos inconvenientes; el primero era que en el banco existía pleno registro de su identidad, y mucho más. El segundo era que no iba a aceptar de ninguna manera la ejecución del plan B. El plan B se hacía valer en caso de que la captura fuese inevitable. En ese instante la instrucción era dejarse atrapar pero 10 segundos antes detonar la granada que cada uno llevaría consigo. Con ello poner un explosivo fin a su desapercivida pasada por la dimensión de lo con vida.

Roberto imaginaba sin poder alcanzar nunca el sueño el peor desenlace del asalto. Que más daba morir, despues de 78 mudos años, asimilables a un eterno letargo, prisionero de la exesiva comodidad de su hogar, de la sobreprotección de sus padres, y luego de su esposa, que un insólito día decidió embarcarse en un viaje de paradero desconocido y sin ninguna intención de regreso. Roberto loco de soledad encontró compañía en el alcohol, y en interminables noches de borrosos recuerdos, conoció a Marcos y Lorena, dos argentinos, que llegaron al país arrancando de un fracasado secuestro que se escapó de las manos y terminó con la muerte de un empresario argetino.
Así roberto pasó sus últimos 20 años escuchando tardes enteras anecdotas narradas por Lorena, cuentista por exelencia, que siempre, a petición de roberto, lo incluía como un personaje más de la historia.
Roberto en una noche de locura y euforia sin control ni de sus pensamientos ni de sus acciones, parado sobre una mesa en una cantina clandestina, concentrando en el toda la atención de los borrachos que frecuentaban el lugar, alzando una botella como si colgara de ella, prometió no abandonar esta vida sin antes experimentar las sensaciones de conspiración, escape, disparo, clandestinidad, como si protagonizara una de esas tantas historias que Lorena le contó.

Suena el despertador y de un salto roberto despierta de una mezcla de sueño, pensamiento y realidad, pués mientras mas avanza la edad, menos puede separar los sueños de la realidad, y ya no sabe si lo que piensa lo sueña, o si lo que sueña lo vivió. Escoje el mejor terno para su actuación, más limpio que nunca y perfumado con sutileza, pistola y granada.
Entra al banco, se mira con lorena que finge rellenar un formulario en el mesón. Se acerca a Victoria que intenta disimular, pero de lejos se percibe su incontrolable temblor que hace sonar las joyas que cuelgan de sus muñecas, roberto saca la pistola y la mira con una pequeña sonrisa, queriendo entregar un poco de tranquilidad. Los cajeros se alteran al ver la pistola, y antes de cualquier reacción victoria levanta el brazo pidiendoles calma y silencio. El guardia se percata, Marco lo toma por detras y pega la punta de su pistola a la cien del guardia. Todo sucede con rapidez. Roberto envuelto en una extraña calma, apunta a los cajeros mientras victoria abre la caja fuerte y pone en una bolsa negra el dinero. La primera etapa del plan ha sido concretada con éxito, roberto toma la bolsa y la levanta indicando con ello, el comienzo del segundo acto. Entonces lorena alza su pistola al cielo, como si quisiera disparar al sol, y sonriendo jala el gatillo. La gente gritando abandona de manera caótica el local. Roberto a modo de escape, y tal como lo habían planeado, se deja atrapar por la corriente de gente y gritando con ellos, abandona de los primeros el banco. Lorena dispara una vez más y guardando la pistola en su cartera abandona el banco, marco luego de herir en la pierna al guardia sale del banco y toma el taxi que lo llevaría hacia el aeropuerto. Roberto camina a paso rápido 2 cuadras hacia el norte, y se encuentra con la policia, lo persiguen, siente miedo, ya no estan sus compañeros, ya no hay plan, comienza la improvización. Saca su pistola y tras un auto comienza a disparar a quema ropa a los policias, y los obliga a esconderse trás un poste del alumbrado público. La pistola de roberto tenia 6 balas y ya había disparado 4 sin herir a ninguno de los dos policías, piensa entonces que es posible escapar. Comienza a correr agachado tras la hilera de autos estacionados a un costado de la calle, entra en un edificio que tenía 3 salidas alternativas, según lo planteó lorena que tenía un antiguo enamorado en el departamento 21 proponiendolo como un posible escondite, descartado rápidamente por las vinculaciones de este con ejecutivos bancarios. La policía lo persigue muy de cerca, pués con la edad no alcanza la velocidad con la que lorena lo hacía correr en sus historias, se siente cansado, quiere detenerse, comienza a oler el final, la muerte se abre como una salida más del edificio, toma la granada en su mano e intenta controlar su agitada respiración. Siente las voces de los policías, estan cerca, pero se demoraran un momento en encontrarlo, así roberto decide sentarse a esperar su captura, y de paso su final o quizas su comienzo. Hasta ese entonces roberto había especulado en un sinfin de vidas, después de esta. Se imaginó organillero, se imaginó cocinero, revolucionario, pobre, mujer, entre muchas más. Pero cualquiera hacía de la muerte un deseo, como un final dramático y un comenzar otra vez, pero de otra manera.

Chocolate caliente

Quedamos hoy a las 7 de la tarde en el café de siempre. Allí peleamos por primera vez en una noche de catarsis en que ella con sus mejillas bañadas en desconsolado llanto empuñaba el revolver de la descalificación y sin reparo disparaba directo a mi pecho balas bañadas en dolor, que penetraban lentamente para albergarse en él, provocando la incontrolada reacción corporal de votar una mezcla de pena y culpa en forma acuosa por los lagrimales de mis ojos. Desde ese día hasta hoy, cada vez que necesitamos limar alguna aspereza en la relación acudimos a ese café, previo requisito de luna visible de día viernes, que según ella, en caso de que llegasen a faltar palabras bastaba con mirar fijamente la luna hasta encontrar el texto preciso que reflejara plenamente el sentir. Lo de día viernes era porque así teníamos un fin de semana completo para descansar después de esas agotadoras jornadas y volver renovados al trabajo de día lunes. Pero, ese día era distinto, yo estaba decidido a terminar después de 2 años esta siempre intensa e incompatible relación.

Ana era una apasionada poeta, yo era un apasionado ingeniero y juntos nos estorbábamos en la mayoría de las cosas, pero por alguna extraña razón nos amábamos sin límites. Hacía dos meses que yo tropecé con otra mujer, que me impedía concentrarme en las agitadas noches con Ana, y que luego se aparecía como protagonista de interminables sueños eróticos, que me obligaban, las veces que Ana me lo permitía, repetir las coreografías nocturnas en formatos reducidos y matinales antes de partir al trabajo.

En el trabajo me encontraba con Sara, una alumna del curso de experimentos sonoros, con la que llevábamos juntos en el laboratorio un experimento, que terminaba por ocupar mi cabeza por completo, no dejándola descansar nunca más. Sara era todo lo contrario a Ana, de partida era morena, color chocolate a veces confundible según la fuente lumínica con el color vino, pero sus labios independiente de la iluminación conservaban siempre ese color. Nunca pude comprender si me gustaban más sus formas y colores, o el dejarme atrapar por su infinita imaginación que constantemente me invadía con ideas nunca escuchadas y que ante cualquier receptor sonaban impracticables. Sin embargo, por alguna razón al escucharla me hacían absoluto sentido, quizás era que compartíamos esas ganas de desafiar lo establecido, algo típico de joven púber con sueños revolucionarios. Según Ana, pasada la pubertad los sentimientos de rebeldía, motor de la revolución, quedaban olvidados y de no ser así era un aviso explícito de que faltaba aún madurar.

Ese viernes salí como de costumbre tarde del trabajo, pero ya había pensado, mientras Sara me acariciaba completamente mi espalda con sus dedos largos e inquietos, cual sería el cuento que esa noche iba a recitar, incluso lo practiqué frente al espejo del baño excepto la parte final en la que Sara me interrumpió para sumergirnos en 1 hora exacta de acaloradas caricias acompañadas de inacabables y clandestinos besos que terminaban por adormecerme los labios como para no necesitar nunca más hablar.

Una estación antes de llegar al café comienzo a sentir el peso de la mentira, manifestado en una mezcla de nervios y ansiedad, que intentaba olvidar, desquitándome contra mis uñas ya casi extintas. Estación Grecia, se abren las puertas del vagón, bajo apresurado, voy con 5 minutos de retraso, subo corriendo las escaleras con lo que la temperatura promedio de mi cuerpo aumenta de forma excesiva, salgo de la estación y miro hacia el cielo, la luna expectante y luminosa espera ansiosa el comienzo de la función. Entro al café; Juan, mozo cómplice durante dos años de nuestras crisis, me indica disimuladamente que me apure. Ana había llegado 10 minutos antes y ya iba en el tercer chocolate caliente y en el décimo cigarrillo. Saludo a Ana intentando parecer tranquilo, pero contra Ana es difícil mentir, a pesar de que no me dijo nada, sé que me notó más nervioso que cualquier día, entonces fui al baño para repasar el cuento una vez más. El cuento decía, en resumen, que me iría de viaje hacia el norte sin destino fijo y sin regreso planeado. Si le contaba de Sara seguro caería en una profunda crisis de pánico, que luego se convertiría en un horrible estado de depresión bipolar, que la llevaría indudablemente a la muerte, pues esta vez no estaría yo para detenerla a tiempo.

Vuelvo del baño listo para iniciar el relato, pero una lágrima escapa de su ojo derecho y resbala a gran velocidad por su mejilla estrellándose sobre su blanca mano que tiritaba a un costado de la taza de chocolate. –ya lo sé, tienes otra mujer- me dice prendiendo el onceavo cigarro, yo la miro mudo como esperando que de pronto en el suelo se abra un agujero bajo mi silla seguida de un tobogán de forma espiral por el cual resbale con rapidez para caer acostado en la cama de Sara y poder cobijarme en la oscuridad de su largo y silencioso cuello. Miro la luna a ver si encuentro allí algún escape, imagino que me elevo hacia a ella atraído casi magnéticamente por su luminosidad, pero la mano fría de Ana me toma y me devuelve de un violento tirón al escenario real, yo sentado inmóvil frente a ella que llora extrañamente con absoluta calma. Le hace un gesto a Juan quien me sirve otro chocolate, que sin demora comienzo a tomar, Ana me mira, me acaricia mientras termino en 3 sorbos de tomar el chocolate, esta vez con merengue y más dulce que de costumbre. Ana comienza a acercar con ímpetu su cara hacia la mía como queriendo chocar inelásticamente contra mis labios, sobrepasando el obstáculo de la mesa que nos mantiene distantes. De a poco nuestros cuerpos se van acercando y con la absoluta complicidad de Juan y la luna nos besamos como sabiendo que nunca más lo volveríamos a hacer. Su respiración es intensa, siento que me mancha con su olor característico mezcla de cigarro, perfume, y chocolate que jamás podría olvidar.

Ana no para de besarme, lo hace ya con excesiva fuerza, comienza a lastimarme, yo comienzo a sentirme mal, siento ganas de vomitar, la empujo con fuerza y cae sentada en la silla, respira profundamente como si no quisiera volver a exhalar, cuando entonces por la ventana aparece Sara que al verme entra al café. Intento mover los brazos rápidamente de arriba hacia abajo a ver si logro elevarme como un pájaro y arrancar volando por la ventana del segundo piso, Juan salta tras la barra y coge una pistola, apunta a Sara quien se queda inmóvil, pidiendo a gritos mi auxilio. Ana aún llorando se acerca a Juan, Juan la toma de la mano y la abraza sin dejar de apuntar a Sara, Ana se siente cobijada, y se esconde en su cuello. Sara tirita, me acerco a ella a ver si sobre Juan pesa un arrepentimiento, pero su brazo no vacila y dispara. Vi la bala salir del tubo de la pistola y volar como en una secuencia fotográfica directo hacia el cerebro de Sara que penetrado por la bala reventó sobre mi ropa, induciendo en mí el vómito que de hace un rato me amenazaba.

Envuelto en un llanto descontrolado, loco de pena abandoné el café al que prometí nunca más volver, la luna no me dejó de alumbrar durante todo el trayecto a casa a la que Ana nunca más volvió.