Como si mirara una película, imaginaba una y otra vez sin descuidar ningún detalle el plan que durante 1 mes de reuniones clandestinas habían craneado con sus dos mejores amigos. Su misión era entrar al banco 10:30 de la mañana, hora. en la que Marco y Lorena ya estarían dentro de él. Pistola en mano acercarse a la caja atendida por una rubia de párpados envetunados en sombra color calipso, labios gruesos pintados color fuxia y colgada al cuello una una virgen de oro que se perdía en la profundidad de su escote. La cajera, de nombre victoria, tenía acceso a la caja fuerte en la que el primer viernes de cada mes había una suma importante de dinero que apesar de las investigaciones previas nunca lograron precisar, pero estimaban que era cercana a 500 millones de pesos.
Victoria no era un obstáculo, sino cómplice de la operación, su misión era simular ser asaltada, abrir la caja y entregar el dinero. En principio parecía fácil, pero luego del asalto, debía soportar un sin fin de interrogatorios, y lo más dificil guardar el secreto sin levantar sospecha alguna
Cuando se bosquejaban los primeros diseños de plan, Roberto sostuvo, y hasta la última reunión, la idea de que victoria debía escapar con ellos. Pero habían dos inconvenientes; el primero era que en el banco existía pleno registro de su identidad, y mucho más. El segundo era que no iba a aceptar de ninguna manera la ejecución del plan B. El plan B se hacía valer en caso de que la captura fuese inevitable. En ese instante la instrucción era dejarse atrapar pero 10 segundos antes detonar la granada que cada uno llevaría consigo. Con ello poner un explosivo fin a su desapercivida pasada por la dimensión de lo con vida.
Roberto imaginaba sin poder alcanzar nunca el sueño el peor desenlace del asalto. Que más daba morir, despues de 78 mudos años, asimilables a un eterno letargo, prisionero de la exesiva comodidad de su hogar, de la sobreprotección de sus padres, y luego de su esposa, que un insólito día decidió embarcarse en un viaje de paradero desconocido y sin ninguna intención de regreso. Roberto loco de soledad encontró compañía en el alcohol, y en interminables noches de borrosos recuerdos, conoció a Marcos y Lorena, dos argentinos, que llegaron al país arrancando de un fracasado secuestro que se escapó de las manos y terminó con la muerte de un empresario argetino.
Así roberto pasó sus últimos 20 años escuchando tardes enteras anecdotas narradas por Lorena, cuentista por exelencia, que siempre, a petición de roberto, lo incluía como un personaje más de la historia.
Roberto en una noche de locura y euforia sin control ni de sus pensamientos ni de sus acciones, parado sobre una mesa en una cantina clandestina, concentrando en el toda la atención de los borrachos que frecuentaban el lugar, alzando una botella como si colgara de ella, prometió no abandonar esta vida sin antes experimentar las sensaciones de conspiración, escape, disparo, clandestinidad, como si protagonizara una de esas tantas historias que Lorena le contó.
Suena el despertador y de un salto roberto despierta de una mezcla de sueño, pensamiento y realidad, pués mientras mas avanza la edad, menos puede separar los sueños de la realidad, y ya no sabe si lo que piensa lo sueña, o si lo que sueña lo vivió. Escoje el mejor terno para su actuación, más limpio que nunca y perfumado con sutileza, pistola y granada.
Entra al banco, se mira con lorena que finge rellenar un formulario en el mesón. Se acerca a Victoria que intenta disimular, pero de lejos se percibe su incontrolable temblor que hace sonar las joyas que cuelgan de sus muñecas, roberto saca la pistola y la mira con una pequeña sonrisa, queriendo entregar un poco de tranquilidad. Los cajeros se alteran al ver la pistola, y antes de cualquier reacción victoria levanta el brazo pidiendoles calma y silencio. El guardia se percata, Marco lo toma por detras y pega la punta de su pistola a la cien del guardia. Todo sucede con rapidez. Roberto envuelto en una extraña calma, apunta a los cajeros mientras victoria abre la caja fuerte y pone en una bolsa negra el dinero. La primera etapa del plan ha sido concretada con éxito, roberto toma la bolsa y la levanta indicando con ello, el comienzo del segundo acto. Entonces lorena alza su pistola al cielo, como si quisiera disparar al sol, y sonriendo jala el gatillo. La gente gritando abandona de manera caótica el local. Roberto a modo de escape, y tal como lo habían planeado, se deja atrapar por la corriente de gente y gritando con ellos, abandona de los primeros el banco. Lorena dispara una vez más y guardando la pistola en su cartera abandona el banco, marco luego de herir en la pierna al guardia sale del banco y toma el taxi que lo llevaría hacia el aeropuerto. Roberto camina a paso rápido 2 cuadras hacia el norte, y se encuentra con la policia, lo persiguen, siente miedo, ya no estan sus compañeros, ya no hay plan, comienza la improvización. Saca su pistola y tras un auto comienza a disparar a quema ropa a los policias, y los obliga a esconderse trás un poste del alumbrado público. La pistola de roberto tenia 6 balas y ya había disparado 4 sin herir a ninguno de los dos policías, piensa entonces que es posible escapar. Comienza a correr agachado tras la hilera de autos estacionados a un costado de la calle, entra en un edificio que tenía 3 salidas alternativas, según lo planteó lorena que tenía un antiguo enamorado en el departamento 21 proponiendolo como un posible escondite, descartado rápidamente por las vinculaciones de este con ejecutivos bancarios. La policía lo persigue muy de cerca, pués con la edad no alcanza la velocidad con la que lorena lo hacía correr en sus historias, se siente cansado, quiere detenerse, comienza a oler el final, la muerte se abre como una salida más del edificio, toma la granada en su mano e intenta controlar su agitada respiración. Siente las voces de los policías, estan cerca, pero se demoraran un momento en encontrarlo, así roberto decide sentarse a esperar su captura, y de paso su final o quizas su comienzo. Hasta ese entonces roberto había especulado en un sinfin de vidas, después de esta. Se imaginó organillero, se imaginó cocinero, revolucionario, pobre, mujer, entre muchas más. Pero cualquiera hacía de la muerte un deseo, como un final dramático y un comenzar otra vez, pero de otra manera.
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